Este es un reportaje ya muy antiguo, inédito, que realizamos Silvia Calayatud y yo, en los pueblos de Caro Quintero, en Sinaloa. Habíamos ido allá para reportear la explosión del primer coche bomba en México, y no quisimos regresarnos sin algo más.

Comenté con un amigo corresponsal esta idea y me dijo que no podíamos ir a la zona sin que nos acompañara alguien conocido para los pobladores locales. Como caído del cielo, el presidente municipal de Badiraguato cenaba en el mismo restaurante que nosotros y lo abordamos. Él haría que nos acompañara una persona de sus confianzas.

Así fue como emprendimos el viaje. Lamentablemente, a pesar de que era un tema interesante y había unas fotografías extraordinarias, nuestros jefes decidieron no publicar. "Nos pondríamos de pechito para que nos acusen de defender narcos", argumentaron. Quizá tenían razón pero lo lamentamos mucho.

Les comparto el texto

POR IRMA ROSA MARTINEZ A.

1992.

SANTIAGO DE LOS CABALLEROS, BADIRAGUATO, Sin.,- Siete años han pasado ya desde que Rafael Caro Quintero fue detenido, y la gente aquí, en las intrincadas y agrestes tierras de la sierra, sigue rogando a Dios que salga de la cárcel.

Sin tomar en cuenta el daño que provoca su participación en el narcotráfico, sus paisanos, los que viven a salto de mata entre los infértiles cerros y montañas; los escondidos por la falta de caminos o por la ilegalidad de sus actividades; los acostumbrados al acecho de la muerte, a la guerra entre mafias, todavía lo aguardan.

A Caro Quintero se le atribuye haber "hecho" la luz en nueve poblados; haber dado trabajo a buen número de sus paisanos en los plantíos de mariguana; se dice aquí que construyó escuelas, clínicas, tiendas para los trabajadores, el vado del río e iglesias. Además, en las fiestas del pueblo ofrecía "barra libre" para todos y bailaba con la mayoría de las muchachas del pueblo.

Lugar de "ríos entre montañas", Badiraguato es un buen botón de muestra de lo que es "la otra Sinaloa", la Sinaloa en la que si llueve hay río pero no hay camino y los pueblos de entre las montañas quedan aislados; la Sinaloa de Los Altos, en la que a veces para llegar a un poblado hay que caminar 20 kilómetros; la Sinaloa miserable, que ha dejado muy pocas vías legales de subsistencia a sus pobladores, y que ha sido tierra fértil para el cultivo no sólo de enervantes -como la mariguana y la amapola-, sino también de grandes capos de la mafia.

Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca nacieron en este municipio, el primero en La Noria, y el otro aquí, en este lugar de caballeros fundado a finales del siglo XVI, allá por el año de 1595. Y como ellos, muchos que o están presos, prófugos o muertos, que han sido asesinados. La muerte violenta es parte de la vida cotidiana de estos pueblos.

INDOCUMENTADOS Y NARCOS PAGAN OBRAS

Con 5,864 kilómetros cuadrados de superficie -5.8 veces el tamaño del Distrito Federal- el segundo municipio más grande de la entidad apenas alberga a una población de 40,000 habitantes, lo que da cuenta de lo inhóspito e improductivo de la zona.

Sus pobladores, en su gran mayoría, cuentan con agua potable, según informó el presidente municipal Humberto Valenzuela, pero por la falta de caminos no es posible llevar otros servicios a las comunidades. Un viejo sueño es el de que se abra la carretera Badiraguato-Parral, con la que, se afirma, se abriría camino al desarrollo.

Hace poco se pavimentaron 15 kilómetros del camino a Surutato, con la donación de 1 millón de dólares de paisanos que viven en Los Angeles. En drenaje, "estamos en pañales".

En materia de energía eléctrica, señalan los badiraguatenses, la responsabilidad ha sido compartida: una parte la ha electrificado el gobierno. Otra, Caro Quintero.

EU PIDIO A MEXICO SEMBRAR AMAPOLA

Santiago de los Caballeros está situado a dos horas de camino de la cabecera municipal, circulando por remedos de carreteras y caminos de terracería. Ocupa algún escondido recodo de esta zona de montañas de la que es el poblado principal; no por ello es el mejor de la región, a pesar de que sus habitantes, por décadas, han participado en la siembra de enervantes.

La gente no habla con extraños. Don "X" se anima a platicar porque ve caras conocidas que acompañan a las reporteras.

-¿Dónde andan los muchachos, don "X"?

-En la siembra de la mota-, contesta él con cierto tono entre emocionado y pícaro.

-Y ¿qué tal va estar?

-Parece que retebuena-, responde todavía más emocionado.

El conoce a Caro Quintero y a buena parte de la familia. Le está agradecido porque pagó para que uno de sus hijos, que trabajaba en los plantíos de Caro, saliera de la cárcel.

Don "X" ya no trabaja pero lo hizo desde muy joven. Ahora tiene más de 70 años.

-¿Desde cuando trabajó en esto?

-Desde que tenía 15 años ya sembraba amapola. Pero vea usted, aquí ¿qué otra cosa se puede hacer? Nada, señorita, vea usted nada más, puro cerro y pura montaña, ¿qué podemos sembrar ahí?

Pues mariguana y amapola, según bien estimaron las autoridades mexicanas en la década de los 40s, cuando en cumplimiento de un convenio suscrito con EStados Unidos, México se comprometió a abastecerlo de sustancias para la fabricación de los medicamentos que requerían los soldados norteamericanos durante la SEgunda Guerra Mundial.

Y las tierras de Badiraguato fueron las primeras que se destinaron para tal fin, de acuerdo con lo informado por el alcalde Humberto Valenzuela.

Los pobladores de la zona han continuado esa tradición. Quienes siembran, viven mejor sin que conozcan los sabores de la riqueza. Los que trafican, muchas fortunas han amasado a partir de ahí.

Tan grandes las fortunas que poblados enteros tienen que ver con los dominios de la familia de Caro Quintero: los Caro, los Quintero, los Payán Quintero.

Y LA LUZ LLEGO EN HELICOPTERO

Al salir de Santiago de los Caballeros y avanzando por esos esbozos de camino rumbo a mayores alturas de esta sierra, se suceden con poca distancia entre sí, pequeños poblados: Guanajuato, Las Pilas, El Sauce.

La gente de Guanajuato -y también de Santiago- no olvida que en cada regreso a estas tierras, Caro llegaba "echando bala, montado a caballo y detrás de él, la banda a la que tenía toca y toca, por días enteros".

En Las Pilas y El Sauce se encuentran varios de los ranchos de Caro Quintero, de los que operan legalmente, que son administrados por sus hermanos. Se afirma que periódicamente él mismo, desde la cárcel en la ciudad de México, supervisaba su funcionamiento a través de videos que toman sus familiares. Después del traslado de Caro a la cárcel de Almoloya de Juárez, no se sabe que pasará.

A todo lo largo de este recorrido se observan los postes de luz que unen, en una cadena interminable, cerro con cerro.

Por la altura y ante la falta de caminos, hubo necesidad de llevarlos ahí en helicóptero. También el helicóptero sirvió como grúa para instalarlos, una vez que se cavaban los hoyos.

Fue obra de Caro Quintero. No se sabe cuanto costó. Sólo por dar una idea, meter un kilómetro de cableado, en terreno plano, cuesta 50 millones de pesos, de acuerdo con datos proporcionados por el ayuntamiento.

Asi llegó la luz a Potrerito, Guanajuato, Vainilla, El Sauce, Las Pilas, Alisos, La Haciendita, Babunica y, por supuesto, La Noria, donde Caro nació.

UNA CATEDRAL: LA CRIPTA FAMILIAR

La Noria, donde vive doña Hermenegilda Quintero, su madre, es una fortaleza rodeada por una gran barda. La entrada, es, obviamente, restringida, y los caminos de acceso, se encuentran vigilados desde puntos estratégicos.

En el interior de la propiedad se levanta una gran construcción que por sus dimensiones, bien podría ser la catedral de Culiacán. No es una iglesia, es sólo una capilla que albergará los restos de todos los integrantes de la familia. Situada en una cima -hay que subir 102 escalones para llegar a ella-, contiene 72 criptas que están a la espera de ser ocupadas.

ESta edificación fue levantada tres veces. A Caro Quintero no le gustaba como quedaba y mandaba derruirla para construirla otra vez.

En el poblado, Caro construyó una escuela para los niÑos de la localidad. Lleva el nombre de su padre, Emilio Caro.

Y como ocurrirá en el siguiente poblado, en La Noria, los Caro levantaron también una tienda para sus trabajadores.

Babunica, la tierra de las ollas, es un caso aparte.

Teniendo como único camino el río en tiempos de secas, durante las lluvias queda incomunicado. Pero una vez ahí, este poblado de no más de 25 familias, es una combinación de ciudad colonial y moderna.

Su iglesia es de granito rosa; tiene una plazuela con kiosco blanco, sus bancas perfectamente cuidadas, y toda ella bardeada; sus casas, muy grandes y lujosas, cuentan con todas las comodidades disponibles, y varias de ellas tienen antenas parabólicas. Con sus colores pastel y sus dos enormes álamos, Babunica es un paraíso moderno en plena sierra.

Aquí, el patriarca no es Rafael Caro Quintero sino Emilio Quintero, su tío. No se le ve por estas tierras desde hace como dos años pero todos aquí le rinden. Se dice que todas las construcciones las hizo él, incluyendo por supuesto la bellísima iglesia -cuyas bancas, puertas, ventanas y confesionario son de cedro y la ilumina un bello candil de cristal-, la clínica, la tienda para los trabajadores y la casa de su administrador, estaS tres últimas todavía sin estrenar y deteriorándose con el paso del tiempo.

Don Neto Fonseca, preso en la ciudad de México, de igual forma mandó construir su mausoleo familiar; está ubicado en Santiago de los Caballeros.

Hecho de mármol en su totalidad, asemeja una construcción griega; cuatro columnas sostienen un techo que protege un féretro; éste a su vez, está encadenado por los cuatro costados a cada una de las columnas. Don Neto desea que el cadáver de su hijo Gilberto, asesinado en Tijuana por un lío entre narcos, sea trasladado aHí.

La visita al cementerio de Santiago de los Caballeros es un encontrarse de frente con la vida del lugar.

ESte sitio para el descanso de los muertos se encuentra en la parte más alta de una montaña, entre las montañas, y donde sopla algo que aquí llaman el viento eterno. La mayoría de sus habitantes, por no decir que todos, han perdido la vida en aras de una vida distinta a la que ofrece la montaña.

Su sangre ha corrido por fuerza de las balas, las dagas o las granadas. Y la vida para algunos de ellos, como el hijo de don Neto, para el "Culichi" y para el "Blanco", había sido muy corta.

Esos ya no regresan. Pero la gente sigue rogándole a Dios que Caro Quintero sí.